El derecho de los pueblos y de las comunidades a autodeterminarse

Este derecho, del que no se puede privar a ningún pueblo, nace del principio inalienable de que toda comunidad es responsable de sus actos y de decidir su futuro. La autodeterminación es un hecho concreto y real, consiste en que toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad libre, puede ejercer el derecho a definirse, participar, e integrarse en otras sociedades, con la exigencia de los derechos que corresponde a toda entidad libre.

Con frecuencia se suele confundir el fenómeno de la autodeterminación con aquel otro que es puramente defensivo, en algunas ocasiones egoísta, que conduce al aislamiento. La autodeterminación, en primer lugar, es una capacidad de libertad. Mientras no exista esa capacidad, la autodeterminación no puede desarrollarse, porque quedaría condicionada. Por ello decimos que los caminos de la autodeterminación son caminos de cambio.

La autodeterminación, el hecho de ejercitar este derecho, implica una serie de condiciones para que desaparezca cualquier posibilidad de usurpación y absorción. Sin el establecimiento de plenas libertades ningún pueblo puede tener capacidad de autodeterminarse, porque la autodeterminación tiene que producirse en todos aquellos campos donde se ejerza la libertad.

Opciones que se pueden alcanzar con la autodeterminación

Es principio universal, y así queda establecido en todos los acuerdos internacionales, que los países que estén involuntariamente integrados en otras entidades más fuertes deben ejercer su libertad o facultad para autodeterminarse. Pero también es evidente que existen comunidades sometidas a otras más fuertes, donde ese ejercicio no puede realizarse porque se desconoce su personalidad, asfixiada por ese poder más fuerte que domina. Por ello, el principio de autodeterminación no es solo aplicable a las posibles entidades que se les reconozca una nacionalidad, sino a toda comunidad, por muy inferior que sea, porque en este proceso de abajo arriba es donde se libera toda energía social y política del pueblo.

El derecho a la autodeterminación de cualquier entidad, comunidad, región, pueblo, nacionalidad, puede conducir a escoger una alternativa dentro del abanico que se le ofrezca. En primer lugar puede optar por ser parte integrante de una entidad superior, a la cual se pertenece o no, siguiendo el desarrollo que le marque ese poder ajeno a su entidad, aceptando así las subordinaciones económicas y sociales que exijan esa absorción.

En segundo lugar, se puede optar por una separación de esa entidad a la cual se ha estado sometida, desprendiéndose de esa influencia, para subsistir por sí sola o integrarse en otra entidad que le ofrezca distintas formas de participación, más a tenor de su propio carácter o necesidades.

En último lugar, desprendiéndose voluntariamente de toda servidumbre a que se está sometido y establecer un pacto con todas aquellas otras entidades con las cuales deben convivir y les unen intereses históricos, económicos, culturales, etc, para configurar un estado federado o confederado, con equilibrio entre todas fuerzas económicas y sociales y reguladas por un poder federal moderador y arbitral. Resumiendo podemos decir que el derecho a la autodeterminación conduce a una de estas tres opciones: absorción, separación, federación/confederación.

La alternativa que presenta el Partido Carlista

El Partido Carlista y todos los partidos de las distintas nacionalidades que forman su red confederal, según su línea política y programa ideológico, busca la construcción de un socialismo plural dentro de una confederación, compuesta por aquellas nacionalidades que a través de un pacto político y social que reconozca la igualdad de derechos entre las mismas, libremente se incorporen tras el cambio social que establezca la igualdad ente todas ellas.

Confederación que aúne voluntades de todas las nacionalidades sin discriminación. Que conduzca a la unión y solidaridad, partiendo del cambio que haga posible la construcción de estructuras de justicia y paz, con la desaparición de la clase dominante que mantiene privilegios tanto en el poder político como económico. Esto es nuestra meta programática por la que luchamos. Por todo ello nuestra lucha política va encaminada al reconocimiento que cada una de las nacionalidades tiene para alcanzar su soberanía, que será paso fundamental para la construcción de la confederación.

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